Es innegable que uno de los objetivos principales de la
escuela inclusiva es promover el sentimiento de participación dentro de la
comunidad educativa, donde cada uno de sus integrantes sea reconocido dentro
del contexto de la escuela. Dicha corriente educativa busca en parte crear el
sentimiento de pertenencia, para así construir una escuela donde no existan
barreras, y que todos sus miembros tengan voz y voto.
No es tarea sencilla la implantación de un modelo inclusivo,
puesto que demanda tener en cuenta un amplio espectro de condiciones. Uno de
los factores más relevantes es la aceptación de alumnos con discapacidades; la
escuela inclusiva no concibe aislar ni segregar a ningún colectivo, por lo que
es de suma importancia que los grupos sociales más vulnerables cuenten con un
espacio y un papel considerable dentro de la escuela inclusiva. Del mismo modo
que el alumnado perteneciente a grupos étnicos, para ello es primordial la
educación intercultural (de la que se hablará en entradas posteriores). Otros
aspectos interesantes de la escuela inclusiva son la consideración de que no
solo existe un solo tipo de inteligencia, como presupone el actual modelo
educativo (lo que se denomina la teoría de las inteligencias múltiples), el
establecimiento de que el currículo no es algo fijo sino que está sujeto a
cambios y la educación en valores.
No obstante, la escuela inclusiva no se concibe sin la
participación activa y conjunta de toda la comunidad, tanto educativa como
fuera de ella. Para ello, es de suma
importancia que los profesores se impliquen verdaderamente en la escuela, y que
crean ciegamente en los valores que promueve la escuela inclusiva. Del mismo
modo, las familias representan uno de los eslabones más importantes a la hora
de impulsar dicha participación. Es imprescindible, la acción conjunta de todos
los participantes para crear un verdadero movimiento participativo en la
escuela.
A continuación, me gustaría comentar un movimiento participativo
del que forme parte durante mi adolescencia y que a mi parecer encaja con lo
expresado anteriormente sobre la participación de la comunidad.
Como he comentado, durante mi adolescencia formé parte de
una asociación llamada ``Creando futuro´´, la cual busca fomentar la
participación activa de los jóvenes en pueblos donde no existen apenas lugares
ni actividades de ocio para la población adolescente. La experiencia fue muy
enriquecedora para todos los integrantes, puesto que nos implicamos realmente
con el proyecto y vimos como la participación juvenil es posible, e incluso con
escaso presupuesto se pueden llegar a organizar infinidad de eventos. En los 4
años en los que estuve, realizamos multitud de actividades como jornadas de
adopción de animales, jornadas de poesía, en las que fuimos repartiendo
fragmentos de poemas a los ciudadanos del pueblo, e incluso se llegó a
organizar festivales de hip hop. Pero eso no fue todo, llegamos a organizar
encuentros por toda España con otros grupos de jóvenes.
Todo esto demuestra
que no es difícil promover la participación de la comunidad, y que incluso con
escasos medios se puede llevar a establecerse una red de participación
ciudadana.

Figura 1:
Fotografía de uno de los encuentros realizados en la localidad de Chipiona
donde asistieron grupos procedentes de Villamartín, Fuentes de Andalucía y La
Barca.
Para más información acerca de la asociación ``Creando
futuro´´ aquí os dejo el enlace de la página oficial: https://redasociativa.org/creandofuturo/
Autor de la entrada: Tomás Clark Solís
Bibliografía:
Susinos Radas, T. & Rodríguez-Hoyos, C. (2010). La
educación inclusiva hoy. Reconocer al otro y crear comunidad a través del
diálogo y la participación. Revista
Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 70 (25,1) (2011), 15-30.
Marín Arias, M.G. (2009). Participación de la comunidad. En
Sarto Marín & Venegas Renauld ( Coord.)
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