Los valores
impregnan el hecho educativo y lo orientan, están presentes a lo largo y ancho del
sistema educativo. A su vez estos valores reflejan las aspiraciones y
necesidades de la sociedad puesto que ésta pone grandes expectativas en la
escuela y exige no ser defraudada. Todas las elecciones que deben hacerse en
educación -desde los contenidos, la metodología, la formación de los maestros-
están basadas en la visión que esa sociedad tiene de “lo que vale la pena”, es decir,
en un conjunto de valores.
Interesa
resaltar tres aspectos fundamentales: los valores se adquieren, son deseables y
deben traducirse en acciones.
Los valores
se adquieren en un proceso de interacción con los demás y en contextos
diversos: familia, escuela y sociedad. La escuela como institución social no
puede conformarse con equipar a las personas de conocimientos e instrumentos
sobre saberes científicos y tecnológicos ya que esto no es suficiente para su
desarrollo personal y social; también debe enseñarles actitudes y valores que
les sirvan para orientar su vida, para convivir con los demás y para contribuir
individual y colectivamente a la consecución de una sociedad más justa y
solidaria.
Qué y cómo enseñar los valores
Como hemos
señalado nos centramos en la escuela, la educación y los valores. La función educadora
de la escuela lleva implícita la trasmisión de valores. La sociedad espera que
la escuela forme a los niños y a los jóvenes para que sean personas instruidas,
cultas, competentes, educadas y poseedoras de unos valores que favorezcan la
convivencia pacífica entre los ciudadanos del mundo. Se espera que la escuela
eduque para el presente y para el futuro. En una sociedad de la información no
se puede pensar de manera local ni para la inmediatez porque todo sucede muy
rápidamente a lo largo y lo ancho del planeta. A la escuela se le exige que
tenga visión de futuro y planifique para él cuando el futuro es más incierto
que nunca.
La
experiencia nos demuestra que hay un desajuste entre los valores que
consideramos deseables y que debe transmitir la escuela y aquéllos que imperan
en la sociedad. Creemos que la educación, aun teniendo en cuenta la realidad
social debe ir más allá, debe tener algo de utopía y situarse en el terreno del
deber ser, para ir avanzando hacia una escuela y una sociedad más justa,
equitativa y solidaria y en la que imperen los valores democráticos.
Después de
estas reflexiones es lógico que nos preguntemos ¿Qué
valores debe enseñar
la
escuela?
Hay una
serie de valores universalmente consensuables, producto de la civilización y de
más de veinticinco siglos de pensamiento, en los que se fundamentan los
derechos humanos y las constituciones políticas. Por otro lado, los valores
evolucionan a la vez que la sociedad, puesto que, al surgir nuevos conceptos y
avances de la ciencia, aparecen también nuevos valores.
El respeto
y la tolerancia son dos valores imprescindibles para unas relaciones en
igualdad. Por tanto, la escuela debe optar por transmitir unas normas morales
mínimas, unos valores para todos que hagan posible la convivencia y dejará
otros valores a la elección personal del alumno.
La
legislación educativa, en España, exige que los valores se hagan explícitos en
el Proyecto Educativo del Centro, para que sean conocidos y consensuados por la
comunidad. Cada escuela asumirá unos valores mínimos que tienen que ver con los
derechos humanos,
otros que
emanan de las necesidades y la cultura del contexto social inmediato y otros
relativos a la propia cultura del centro.
Pero sobre
todo se transmiten mediante las relaciones, experiencias y modos de vida
que se
observan en los contextos educativos en diferentes momentos y espacios.
Tampoco
podemos olvidar el papel de la familia y la sociedad en la educación en
valores.
Los padres,
los amigos, el contexto social y los medios de comunicación transmiten
modelos de
ser y estar. La escuela debe tenerlos en cuenta e interactuar con ellos para
conocer su influencia y compartir metas, si es posible. La formación en valores
de las nuevas
generaciones
es responsabilidad de todos y no sólo de la escuela a la que se culpa cuando
se buscan
responsables.
La crisis de los valores
Generalmente
cuando se hace referencia a la crisis de valores, ésta se entiende como una
pérdida, como una involución, como una amenaza a nivel social. Se siente que
los valores tradicionales se han perdido mientras surgen otros nuevos que no
convencen a los mayores. Se piensa que los jóvenes no tienen referentes
morales, que sus conductas son reprobables, que han perdido el norte y que la
sociedad camina por derroteros inciertos. Este sentimiento y esta situación no
son nuevos. Se manifestaba un temor a la deshumanización del mundo vinculada a
la evolución tecnológica, temor que se vinculó después al poder adquirido por
los medios de comunicación y que preveía que se mantendría en el siglo XXI.
La familia
y la sociedad critican a la escuela porque no enseña, no prepara para el desempeño
de un rol social, no educa y no forma al alumno para ser un buen ciudadano.
Algunos de
los valores de la sociedad postmoderna están impuestos en el proceso de
socialización de los jóvenes, algunos ejemplos son:
- Primacía
del pensamiento único, amorfo y débil.
-
Individualización y debilitamiento de la autoridad.
-
Importancia trascendental de la información como fuente de riqueza y poder.
-
Mitificación científica y desconfianza en las aplicaciones tecnológicas.
- La
obsesión por la eficiencia como objetivo prioritario y que aparece como
sinónimo
de calidad.
-
Concepción ahistórica de la realidad.
- La
primacía de la cultura de la apariencia
- Culto al
cuerpo y mitificación de la juventud
Los agentes
que más influyen en la formación de los jóvenes españoles son, por este orden:
los padres, los grupos de amigos, los medios y, sólo en cuarto lugar, la
escuela.
El sistema educativo y los valores
inclusivos
En España,
las distintas leyes educativas han contemplado la necesidad de inculcar a los
alumnos, a
través de los procesos de enseñanza y aprendizaje, un conjunto de valores que
se
consideran
importantes para su desarrollo personal y social y para el progreso de la
sociedad.
Esos
valores impregnan el espíritu de las leyes y se encuentran implícitos en su
filosofía. Pero
no es hasta
la Ley de 1990, la LOGSE cuando de manera explícita se incorporan, por una
parte al
currículum en cada una de las áreas formando un bloque de contenidos que se
denominaba “normas, actitudes y valores” y, por otra, mediante las áreas
transversales referidas a distintos tópicos que debían ser tratados en el
desarrollo de las diferentes áreas curriculares.
Se hizo
visible una parte del currículo que, de forma implícita pero oculta, siempre
estuvo presente en las normas educativas y en el quehacer de los centros.
El tema de
los valores siempre es discutido a nivel general, desde las autoridades
gubernamentales, los centros educativos, los profesores y las familias; también
la Iglesia católica y los sindicatos intervienen con opiniones encontradas. Es
un debate que suscita mucha controversia. Se discute la legitimidad de las
propuestas, mientras para unos se deben impartir estos valores, para otros es
un adoctrinamiento que no se debe impartir.
Cada
escuela debe definir sus valores; esta tarea requiere diálogo, reflexión, debate
y
consenso.
Los valores guían las acciones y las prácticas educativas. Los valores son la
base de
todas las
actuaciones y planes de acción, de todas las prácticas en las escuelas y de
todas las
políticas
que modelan las prácticas.
Autor: J.J.Pérez Núñez

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