Acoger significa admitir en su casa o compañía a alguien; servir de refugio o albergue; aceptar,
aprobar; recibir con un sentimiento o manifestación especial la aparición de
personas o de hechos; proteger y amparar. Desde la Educación Inclusiva la
acogida afecta a todos, sin excepción, sean alumnos, padres, profesores, o
cualquier miembro de la comunidad. Sin embargo, la mayoría de las experiencias
y de las acciones por parte de la administración educativa y de los centros se
han focalizado en los alumnos, y especialmente en los inmigrantes.
En principio, las Aulas de
Acogida o los Programas de Acogida están destinados a todos los alumnos, pero
específicamente a aquéllos que por sus condiciones particulares se incorporen
al contexto educativo en inferioridad de condiciones respecto al resto: alumnos
inmigrantes, en desventaja personal y/o social, procedentes de otras culturas,
lenguas….y que necesitan más apoyos y recursos para adquirir competencias y
alcanzar niveles óptimos de éxito académico y de calidad en sus aprendizajes.
La escuela es un espacio de
contacto obligatorio entre personas de distintos orígenes y
se reitera continuamente su
capacidad integradora ante el debilitamiento de otros espacios
relacionales y de
socialización, y lo es de forma especial para la población inmigrante. La
acogida del alumnado no es una tarea encomendada únicamente a un profesional
específico al igual que disponer de un tutor responsable del aula de acogida
suponga pensar que el resto del claustro se desentienda de esta función. No
puede haber una buena acogida en un centro que no sea acogedor, ya que la
palabra acoger conlleva una implicación de actitud afectiva. Las ideas de
recibir, admitir y aceptar envuelven otras como las de conocer y querer.
Para dar respuesta a esta
realidad, los distintos países y administraciones educativas han
organizado diferentes
modalidades de atención: Programas de Acogida/Aulas de Acogida
dentro de los colegios y los
Espacios de Bienvenida Educativa (EBE) fuera de los centros y que
incluyen también a las
familias.
Los Programas de Acogida son
también una estrategia para favorecer la convivencia en
los centros ya que se trata de
educar en valores y enseñar procedimientos para resolver conflictos: es un
recurso para trabajar en los centros la diversidad y la interculturalidad.
En España existen múltiples
experiencias sobre Programas de Acogida en distintas Comunidades Autónomas y
correspondientes a diferentes escuelas, unos de corte más reglado y otros desde
un enfoque más inclusivo.
Por lo que respecta a la
atención directa a los alumnos, ésta se lleva acabo en muchos
casos en un aula específica,
denominada, por lo general, Aula de Acogida, aunque existen
otras denominaciones. Sin embargo,
queremos resaltar que en las escuelas que se identifican
como Comunidades de
Aprendizaje y en aquellas que trabajan desde la filosofía de la inclusión
no se habla de aulas de
acogida (puesto que no existen), ya que la acogida a todos los alumnos, también
a los extranjeros, es un principio básico.
CONVIVENCIA EN LOS CENTROS
La escuela es un entramado de
relaciones sociales que se dan entre todos los que forman
parte de la misma. Relaciones
entre los alumnos, entre los profesores, entre los padres
y entre cada uno de ellos con
los demás. No siempre es fácil dicha interacción ya que en la
misma intervienen cuestiones
de poder, de autoridad, de individualismo, etc. Se trata de convivir con los
demás.
En una escuela democrática el
conflicto es un momento singular y privilegiado de la dinámica interpersonal
que debe aprovecharse para el aprendizaje y el desarrollo personal.
El conflicto es algo natural,
que debe enseñarse a manejar en una educación que se
fundamenta en el respeto a la
diversidad. Es imposible concebir participación, disciplina y
diálogo escolar sin aprovechar
el conflicto como eje de la convivencia y sin establecer una
estrategia general para su
resolución.
El conflicto es un tema
central en el ámbito escolar.
¿Qué
es el conflicto?
Entendemos el conflicto, desde
el punto de vista social, como una situación que implica
dificultad o confrontación de
intereses entre dos o varias personas, forma parte de la vida y es el motor de
nuestro progreso. Sin embargo, en determinadas condiciones, puede conducir a la
violencia, incluso en contextos como la escuela.
El conflicto, desde ciertas
propuestas educativas, se entiende como un hecho positivo y
una oportunidad para que el
tiempo de escolarización desemboque en un verdadero proceso
para la convivencia participativa
y democrática.
Las consecuencias de un
conflicto pueden ser negativas o positivas dependiendo de
cómo se gestione. La violencia
es una forma negativa y destructiva de solucionar un conflicto.
¿Qué
hacer para mejorar la convivencia?
La Educación para la
Convivencia y la Resolución de Conflictos están íntimamente relacionados
y presentes en la vida
educativa de los centros.
Para mejorar la convivencia
educativa y prevenir la violencia es preciso enseñar a resolver conflictos
(incluidos los relacionados con procedimientos de disciplina) de forma
constructiva (pensando, dialogando, negociando, a través de la mediación, de la
colaboración...); y creando contextos normalizados. El nuevo profesor debe ser
un experto en resolución de conflictos.
Autor: J.J. Pérez Núñez

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