Por lo que, en este sentido, el apoyo en la escuela inclusiva
se concibe como un apoyo al aula, mas que al alumno. Debe ser un elemento de reconocimiento,
unión y potenciación dentro del grupo, evitando así su uso como elemento penalizador
de determinadas situaciones y alumnos.
¿Pero, que podemos hacer para construir esta comunidad de
apoyo?
Para empezar, es necesario fomentar las redes naturales de
apoyo. Contando con los propios alumnos como apoyo: “los sistemas de
aprendizaje en grupo cooperativo, los sistemas de aprendizaje apoyados en las
tutorías entre compañeros, en los que los alumnos ayudan y colaboran en el
aprendizaje de otros alumnos, los círculos de amigos, los sistemas de compañeros
y amigos o las comisiones de apoyo entre compañeros en los que los alumnos colaboran
en las adaptaciones individualizadas de alumnos con necesidades educativas más
profundas”. Además, el apoyo de un experto integrado dentro del aula, para que
así, éste pueda apoyar al alumno o alumnos en cuestión además de apoyar también
al profesor y al resto de alumnos.
Por otro lado, hay que destacar que el apoyo excesivo se ha
visto que trae consecuencias negativas, como las siguientes:
- Reduce el tiempo dedicado a la interacción entre alumnos
- Interrumpe el desarrollo normal de las actividades
- Dificulta la coordinación y la comunicación entre adultos
- Abruma a las familias con la presencia de un gran número de profesionales
Por lo que, la decisión de proporcionar apoyo debe ser
estudiada en profundidad. No debe ser tomada solo por el experto de apoyo, sino
que los miembros del equipo educativo, que participan en la educación de la
persona a la que se va a apoyar, deben tomar un papel importante a la hora de
decidir el tipo y magnitud del apoyo que se va a proporcionar.
Bibliografía:
Sarto Martín, María Pilar. 2009. Aspectos clave de la educación inclusiva. Salamanca: INICO. 147-148.
Álvaro González González
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