“La escolarización
universal y el desarrollo en determinados países de los sistemas educativos que
la hacen posible es relativamente reciente, así como también lo es la
implicación de las familias en los centros educativos, dado que no siempre se
ha considerado necesaria y, cuando así ha sido, su aplicación práctica ha
comportado resistencias por parte de las dos instituciones: familia y escuela” (Garreta,
2010: 47).
PARTICIPACIÓN
DE LA FAMILIA:
Hoy
día se intenta conseguir la formación de escuelas inclusivas, éstas están
caracterizadas por la no discriminación de ninguno de sus alumnos y es una
escuela donde la familia debe ser un componente participativo. Los niños tienen dos grupos en los que pasan
la mayor parte de su tiempo, uno es la familia y otro es la escuela, por ello
estos organismos deben ser complementarias para el correcto desarrollo de los
alumnos. (Solé, 1996; Mérida, 2002).
Nos
referimos con relación familia-escuela al vínculo que se produce entre las
familias del alumnado y el personal docente del centro. Por otro lado, la
participación la podemos definir como la implicación que los padres tienen en
la escuela; ésta se basa en las actividades que se realizan para resolver
problemas, realizar acciones o cambios. También esta relación está influenciada
por un sentimiento de pertenencia al colectivo, que involucra una voluntad de
participación en el grupo (Pindado, 2000).
Es
común que sea el centro el que invita a las familias a que se impliquen en el
entorno, esto es realizado con diversas actividades propuestas y ordenadas; si
bien, las familias que obvian estas actividades totalmente controladas por el
centro son percibidas por el centro como potencialmente problemáticas (Garreta,
2013).
Es a partir de los
años 60 cuando en Europa los padres empiezan a implicarse en la escuela y esta
comienza a estar interesada en las relaciones familiares. Los padres
intervienen sobre y en el funcionamiento escolar mientras que los centros
influyen en las reglas familiares
(Porcher, 1981).
Sin
embargo, es más adelante, en los años 80 cuando se promulga la LODE que
reconoce la participación institucional de los progenitores y se invita a los
padres a colaborar en los centros educativos.
Con
esto, los padres empiezan a frecuentar las escuelas, conocer las actividades
que se llevan a cabo, comienza una comunicación con los maestros, estas son las
acciones que tienen los padres en su rol de tutores. Cuando sus hijos son
escolarizados, los padres adquieren unos derechos y deberes reconocidos por la
legislación, que conlleva entre otras cosas el derecho a participar en el
centro.
Se suele distinguir (García Bacete,
2003; Garreta, 2013) dos modalidades de participación en los centros
educativos: la individual y la colectiva. Los padres participan individualmente
asistiendo a las reuniones, participando en las actividades de la escuela,
haciendo el seguimiento escolar de sus hijos, entre otras. Y colectivamente, a
través de las asociaciones de padres y madres y del Consejo Escolar,
principalmente. También se podrían distinguir dos niveles: formal e informal. A
nivel formal, los padres participan cuando asisten a las reuniones de inicio de
curso, por ejemplo; y a nivel informal, cuando hablan con los maestros en el
momento de las entradas y salidas de la escuela, por ejemplo.
Más,
no obstante, a la participación por parte de las familias le queda un gran
camino por recorrer antes de ser la ideal. Algunos estudios nos muestran la
poca participación de las familias, incluso hasta un cierto desconocimiento de
algunos órganos (como por ejemplo el AMPA o el Consejo Escolar) (Giró y Cabello,
2011; Feito, 2011). Vemos, así como la escuela tiene una idea de cómo las
familias tienen que actuar en el centro, y estas a su vez tienen su propia
idea. A veces coinciden y otras no, pudiendo generarse malentendidos.
Es
por ello que las familias deberían poner una mayor voluntad de integrarse en
las actividades de los centros y estos a su vez deberían fomentar esta
participación e informar sobre las actualidades a las familias
Autor de la entrada: J. Pérez Núñez
Bibliografía:
Solé, I. (1996): Las relaciones entre familia y
escuela, Cultura y educación, 4, 11-17.
Mérida, R. (2002) Un espacio de encuentro entre la
escuela y la familia: la escuela de madres y padres, Revista de Ciencias de
la Educación, 192, 441- 468.
Pindado, F. (2000): La participación ciudadana en
la vida de las ciudades. (Barcelona, Ediciones del Serbal).
Garreta, J. (2013): La participación de las familias
en la escuela: una cuestión pendiente, Documentación Social,
171,101-124.
Porcher, L. (1981): L’école des familles, en F. Mariet
(dir.). L’enfant, la famille, l’école, 60-72 (Paris, ESF).
García Bacete, F.J. (2003): Las relaciones
escuela-familia: un reto educativo, Infancia y Aprendizaje, 26 (4),
425-438.
Giró, J. y Cabello, S.A. (2011): Procesos de
participación en la educación y la escuela: el caso de los Consejos Escolares, Actas
XV Conferencia de Sociología de la Educación (Granada, Universidad de
Granada).
Feito, R. (2011): Los retos de la participación
escolar. Elección, control y gestión de los centros educativos (Madrid,
Editorial Morata).

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