lunes, 4 de diciembre de 2017

Participación de la familia en la escuela




“La escolarización universal y el desarrollo en determinados países de los sistemas educativos que la hacen posible es relativamente reciente, así como también lo es la implicación de las familias en los centros educativos, dado que no siempre se ha considerado necesaria y, cuando así ha sido, su aplicación práctica ha comportado resistencias por parte de las dos instituciones: familia y escuela” (Garreta, 2010: 47).




PARTICIPACIÓN DE LA FAMILIA:



Hoy día se intenta conseguir la formación de escuelas inclusivas, éstas están caracterizadas por la no discriminación de ninguno de sus alumnos y es una escuela donde la familia debe ser un componente participativo.  Los niños tienen dos grupos en los que pasan la mayor parte de su tiempo, uno es la familia y otro es la escuela, por ello estos organismos deben ser complementarias para el correcto desarrollo de los alumnos. (Solé, 1996; Mérida, 2002).
Nos referimos con relación familia-escuela al vínculo que se produce entre las familias del alumnado y el personal docente del centro. Por otro lado, la participación la podemos definir como la implicación que los padres tienen en la escuela; ésta se basa en las actividades que se realizan para resolver problemas, realizar acciones o cambios. También esta relación está influenciada por un sentimiento de pertenencia al colectivo, que involucra una voluntad de participación en el grupo (Pindado, 2000).
Es común que sea el centro el que invita a las familias a que se impliquen en el entorno, esto es realizado con diversas actividades propuestas y ordenadas; si bien, las familias que obvian estas actividades totalmente controladas por el centro son percibidas por el centro como potencialmente problemáticas (Garreta, 2013).

Es a partir de los años 60 cuando en Europa los padres empiezan a implicarse en la escuela y esta comienza a estar interesada en las relaciones familiares. Los padres intervienen sobre y en el funcionamiento escolar mientras que los centros influyen en las reglas familiares (Porcher, 1981).
Sin embargo, es más adelante, en los años 80 cuando se promulga la LODE que reconoce la participación institucional de los progenitores y se invita a los padres a colaborar en los centros educativos.
Con esto, los padres empiezan a frecuentar las escuelas, conocer las actividades que se llevan a cabo, comienza una comunicación con los maestros, estas son las acciones que tienen los padres en su rol de tutores. Cuando sus hijos son escolarizados, los padres adquieren unos derechos y deberes reconocidos por la legislación, que conlleva entre otras cosas el derecho a participar en el centro.

Se suele distinguir (García Bacete, 2003; Garreta, 2013) dos modalidades de participación en los centros educativos: la individual y la colectiva. Los padres participan individual­mente asistiendo a las reuniones, participando en las actividades de la escuela, haciendo el seguimiento escolar de sus hijos, entre otras. Y colectivamente, a través de las asociaciones de padres y madres y del Consejo Escolar, principalmente. También se podrían distinguir dos niveles: formal e informal. A nivel formal, los padres participan cuando asisten a las reuniones de inicio de curso, por ejemplo; y a nivel informal, cuando hablan con los maestros en el momento de las entradas y salidas de la escuela, por ejemplo.

Más, no obstante, a la participación por parte de las familias le queda un gran camino por recorrer antes de ser la ideal. Algunos estudios nos muestran la poca participación de las familias, incluso hasta un cierto desconocimiento de algunos órganos (como por ejemplo el AMPA o el Consejo Escolar) (Giró y Cabello, 2011; Feito, 2011). Vemos, así como la escuela tiene una idea de cómo las familias tienen que actuar en el centro, y estas a su vez tienen su propia idea. A veces coinciden y otras no, pudiendo generarse malentendidos.

Es por ello que las familias deberían poner una mayor voluntad de integrarse en las actividades de los centros y estos a su vez deberían fomentar esta participación e informar sobre las actualidades a las familias

 Autor de la entrada: J. Pérez Núñez



Bibliografía:

Solé, I. (1996): Las relaciones entre familia y escuela, Cultura y educación, 4, 11-17.

Mérida, R. (2002) Un espacio de encuentro entre la escuela y la familia: la escuela de madres y padres, Revista de Ciencias de la Educación, 192, 441- 468.

Pindado, F. (2000): La participación ciudadana en la vida de las ciudades. (Barcelona, Ediciones del Serbal).

Garreta, J. (2013): La participación de las familias en la escuela: una cuestión pendiente, Documentación Social, 171,101-124.

Porcher, L. (1981): L’école des familles, en F. Mariet (dir.). L’enfant, la famille, l’école, 60-72 (Paris, ESF).

García Bacete, F.J. (2003): Las relaciones escuela-familia: un reto educativo, Infancia y Aprendizaje, 26 (4), 425-438.

Giró, J. y Cabello, S.A. (2011): Procesos de participación en la educación y la escuela: el caso de los Consejos Escolares, Actas XV Conferencia de Sociología de la Educación (Granada, Universidad de Granada).


Feito, R. (2011): Los retos de la participación escolar. Elección, control y gestión de los centros educativos (Madrid, Editorial Morata).

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